Lecturas en Línea
Vacaciones de Invierno, sin mandatos
Las vacaciones se presentan como ese período del año en el que detenemos la marcha para tomar un receso de nuestras actividades habituales. El objetivo central es la recreación y el descanso que se genera al interrumpir la agenda diaria. De hecho, la palabra «vacaciones» proviene del término latino vacati, que significa hacer vacío, suspender las actividades normales para simplemente vacacionar.
- El valor del vacío
Desde esta mirada, el tiempo vacante puede ser concebido como un refugio sereno, un adentramiento en la profundidad de nuestro ser, lejos del torbellino que nos rodea el resto del año.
Las vacaciones de invierno, instituidas por el calendario escolar, llegan promediando el ciclo lectivo para hacer un alto, un corte de 15 días a modo de impasse frente a las tensiones y el ajetreo diario. Tanto las familias, como los chicos y los docentes, necesitan tomar vacación de sus preocupaciones y responsabilidades cotidianas. Se vuelve necesario descansar, dormir hasta más tarde, desayunar en pijamas, no estar pendientes de un horario estricto y disfrutar del tiempo libre estableciendo una pausa en relación al quehacer habitual.
Sin embargo, es real que no siempre es así y muchas veces resulta complejo darle este sentido al receso.
Por lo general, no todos los adultos del grupo familiar tienen la posibilidad de interrumpir la labor cotidiana, y que los niños estén en casa suele transformarse en una situación conflictiva. Esto no ocurre por mala disposición, sino porque quienes cuidan suelen trabajar en el horario de clases.
Este paréntesis en las actividades ofrece un escenario vacío y, aquello que suponemos puede ser motivo de disfrute, puede presentarse como un elemento de discordia ya que los grupos familiares no suelen estar acostumbrados a una convivencia tan estricta en el día a día. La vertiginosidad de la vida ha reducido notablemente el espacio de encuentro entre los adultos y los chicos, ubicándolo en breves momentos en los que se los traslada o se satisfacen necesidades, pero, por lo general, no se suelen compartir largos ratos de ocio. Por eso, el tiempo de no escuela y de no rutina genera encuentros en interiores, sin apuros ni apremios, que suelen no resultar tan tranquilos como parece.
- Sobre agendas y descansos:
Muchas familias viven las vacaciones invernales como un verdadero dolor de cabeza al no encontrar cómo canalizar la energía y la necesidad de entretenimiento de los más chicos, y muchas veces se los atiborra de actividades lúdico-recreativas con lo que vuelven a tener una agenda tan cargada como en la época de clases.
Vale la pena pensar en este imperativo que recae sobre los adultos acerca de «aprovechar el tiempo libre» y «satisfacer la necesidad de disfrute» de los niños. Una alternativa valiosa podría ser privilegiar cierta prudencia en la agenda para conservar el espíritu con el que han sido concebidas las vacaciones, permitiendo que algo del orden del vacío aparezca tanto en los chicos como en sus adultos.
Una propuesta interesante es aprovechar esta instancia para darnos tiempo de estar con los hijos, de conversar, escucharlos, preguntarles qué desean hacer y ofertarles opciones diferentes, reorganizando juntos actividades que generen nuevas búsquedas o formas de diversión no tradicionales para los tiempos que corren.
En estos días es frecuente que los chicos pasen muchas más horas de las esperables frente a las pantallas, que resultan un entretenimiento de fácil acceso. Como adultos, una opción es ordenar y sostener reglas claras en relación al tiempo y la calidad de los juegos o programas, sin que esto implique prohibir la tecnología. Y si bien hay niñas y niños que disfrutan de estar en casa sin necesidad de estar pegados a las pantallas, hay un gran número que no sabe qué hacer y reclama desde su «aburrimiento», lo que nos invita a reflexionar acerca de las actividades infantiles, el lugar del juego, el tiempo libre y la creatividad.
- Entre el disfrute y la exigencia del entretenimiento
El hecho de tener a los chicos en casa puede vivirse como una oportunidad para compartir actividades del hogar para las que habitualmente no disponemos de tiempo, transformándolas en un punto de encuentro y no de confrontación. Algunas alternativas simples para estos días pueden ser el ordenar el cajón de los juguetes o el archivo de las fotos, lo que supone un encuentro con la propia historia, armar el álbum familiar y el personal. Compartir la cocina, amasar fideos, aprender a hacer el repulgue de las empanadas, cocinar postres, tortas. Hacer pororó, panqueques, buñuelos. Aprender a usar los electrodomésticos.
Leer cuentos, dibujar, modelar son actividades que pueden resultar muy atractivas y para las que generalmente no hay espacio en la rutina diaria. Juegos de mesa, dominó, cartas, juegos de tableros pueden desplegarse en compañía de padres, abuelos, hermanos, amigos o vecinos.
Resulta siempre interesante y respetuoso consensuar con los chicos las actividades a realizar. Dado que las vacaciones de invierno se ven condicionadas por las inclemencias del tiempo, las salidas a plazas, parques, ir a pescar o de picnic ocupan espacios acotados, dejando tiempo para actividades a puertas cerradas para cuando cae el sol o llueve.
En tal caso, se puede privilegiar el cine, los museos, exposiciones, el teatro y demás actividades, en forma dosificada. La oferta es variada, gratuita u onerosa; algunas propuestas generan gritos y excitación, otras brindan entretenimiento y creatividad de calidad. Es común que en época de vacaciones los espectáculos infantiles estén sobrecargados de demanda y se suela ver a chicos y adultos en interminables filas que agotan el buen humor y la paciencia antes de ingresar a la sala. Por eso, resulta conveniente prever esta circunstancia para que la salida sea realmente un programa y no un sufrimiento, buscando opciones donde los negocios del entretenimiento que impone el mercado y la cultura del consumo no sean la única vía posible.
Otro tema, no menor, que condiciona las actividades de este receso es el económico, que compromete el presupuesto de la gran mayoría de los grupos familiares. Los ajustes desmedidos, la precarización laboral y el empobrecimiento sobrevuelan estas vacaciones de Julio con restricciones y desconciertos a tiempos que deberían ser una verdadera tregua.
- Otra forma de habitar las vacaciones de invierno
Enfrentar los 15 días con espíritu de alivio en un clima de distensión y armonía supone esfuerzo, deseo, disponibilidad y compromiso, y sabemos que no todos pueden concretarlo. Retornando al sentido que se le diera a las vacaciones como un tiempo de vaciamiento y suspensión de la rutina, podemos pensar que la posibilidad de «estar de vacaciones» no pasa solo por disponer de grandes sumas de dinero, de agendas sobrecargadas o de programas excepcionales. También pasa por disponerse a disfrutar del ocio con los nuestros, del encuentro con el otro, de vacacionar en vacaciones.
María José Borsani Julio 2026

